Su otro Yo


Algo rompió la rutina de Juan en su camino a su obra. Cada día a las 8, después de un frugal desayuno, avalado por el médico-chamán de la familia, y tras regar su sedienta garganta con un no tan frugal orujito escondido hábilmente en el cajón de los calzoncillos, Juan paseaba lentamente hasta la obra de la nueva línea del metro. Pero hoy algo se cruzó en su camino. Más bien alguien, él mismo para ser exactos. Un muchacho de 20 años más o menos, con el pelo que antes poblaba su desolada calva, con sus propios ojos marrones oscuros, con ese caminar chulito que una vez regaló a sus admiradoras…. Se quedó en estado de shock. De alguna manera, de algún modo, la genética y la probabilidad le habían brindado un medio-clon. Medio-clon porque no era exactamente como era él a los 20 años. El muchacho era más alto, por lo menos 2 palmos, y tenía los músculos más trabajados y mucho mejor situados. Pero era esta diferencia era precisamente lo que más inquietaba, porque era como una versión mejorada de él mismo. La ropa, esa era la ropa en que se fijaba cuando su mujer lo acompañaba al Corte Inglés a comprar. Por supuesto no se la compraba, no era un payaso, sabía que era lo que correspondía a su edad. Pero era capaz de identificar lo que hubiese llevado si tuviera 50 años menos. Y ese muchacho estaba llevando todo aquello que hubiera seleccionado para si, bueno tal vez ese pañuelo del cuello no lo pondría, pero el resto era de su gusto.

No lo pudo evitar, desvió su rumbo detrás del chaval. No podía quitar sus ojos de encima, estaba hechizado, ¡que porte! ¡Que clase! ¡¿¿¿+Que culo!??? Curioso. No sabía si por la chulería (muy bien llevada por cierto) o por alguna lesión, el muchacho balanceaba un poco su trasero. Perdonable, no todo iba a ser perfecto. Por lo demás sus espaldas eran mucho más anchas de lo que fueron las suyas jamás, igual que las pantorrillas, que llenaban unos pantalones de una talla más pequeña de lo aconsejable. Un formidable Apolo, que no pasaba desapercibido entre el personal femenino tal como había percibido Juan. Lo confirmó cuando escuchó un gritito de alegría desde la terraza del bar hacía donde se encaminaba nuestro adonis. Un grupo de cuatro chicas, todas de muy bien ver, dirigían sus miradas libinidosas (o eso creía Juan intuir o imaginar) hacía los andares del Juan Júnior. ¡Como lo esperaban!, debía ser una especie de mito deportivo en el ambiente donde se movía, una estrella en su pequeño mundo. Eso tenía que ser, no podía ser de otra manera. Él siempre quiso ser un minidiós en su entorno, alguien admirado y venerado. Por desgracia, sus dos palmos de menos de altura y ese tartamudeo que siempre aparecía en esos contados momentos que todos le escuchaban, le habían puesto al final de la cola de las personas importantes de su círculo íntimo. Y en esos puestos finales, a su misma altura, encontró a su mujer. No aspiraba a más, no podía desear más, no le correspondía. Lucía era una buena mujer, no muy guapa, pero con la sabiduría suficiente para no agobiar a Juan con aspiraciones fuera de su posición natural. Si ellos habían estado al final de la cola, este chico estaba en primera línea. Una sonrisa se dibujó en su cara cuando Juan Jr se sentó en una silla en medio del semicírculo estrógeno. Su actitud era clara, era el centro de atención, lo sabía y era lo que estaba acostumbrado a recibir.

Y como lo miraban las chicas, no le quitaban el ojo de encima. Su conversación estaba dirigida a él, sin duda. Desde el banco cercano que había acogido al longevo admirador de si mismo, no perdía detalle del retrato idílico que discurría en la terraza. Todas lo escuchaban, todas miraban, TODAS lo adoraban… que gusto saber que otro yo disfrutaba lo que a él se le negó. Sin envidias, sin rencores, sólo justicia. De pronto un grito estridente turbó su concentración. Desde el perímetro de las mesas de la terraza, un julai en toda regla, estridente en el vestir y en el posado, miraba con deleite a la mesa que centraba su felicidad. Ante la decepción de Juan, su otro yo contestó con una sonrisa a la mariconada, se levantó y se acercó lentamente. Bueno, puede que eso fuera el signo de los tiempos. En su tiempo lo hubieran corrido a pedradas, pero hoy en día no sería lo correcto. Mejor, eso le daba un círculo de adoración mayor, hasta los julais adoraban a su yo actual. Mientras se tranquilizaba con este pensamiento de pronto algo lo dejó helado. La lengua del julai exploraba con avidez la boca de Juan Jr. Pero lo peor era que su yo lanzaba también la lengua para explorar la boca de su agresor.

Un sudor frío le recorrió el cuerpo. Se levantó y se alejó del duelo de lenguas. Tenía que buscar alguna diferencia, tenía que alejarse de su yo actual. No podía ser él, no podía ser. Una obra, necesitaba una obra para disipar toda esa decepción acumulada en su interior. Cerca de ahí estaban castigando el pavimento por alguna oscura razón, y era necesaria la supervisión técnica del equipo jubilado de arquitectos. Ese era su lugar. Temblando llegó a la obra, extendió sus manos y se agarró a la verja. Poco a poco recuperó el aliento, levantó la vista y empezó a controlar la profundidad del los cimientos, la habilidad de conducción de las excavadoras, el culo del musculado paleta de la pala, la……… “mierda”

2 Responses to Su otro Yo

  1. ferran says:

    jejeje… mola xato… veig que el quim monzo t’inspira per escriure les teves propies histories…. entre aixo i els poemes aviat podras fer un llibre 😉

  2. Jordim says:

    I cobrar per això? no tinc tanta jeta. Creus que algú compraría això?…. bueno, si algú ha comprat las memòries d’Aznar ja m’ho crec tot….

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: