Paul Auster y Smoke


 

Auggie Wren: If you can’t share your secrets with your friends then what kind of friend are you?
Paul Benjamin: Exactly… life just wouldn’t be worth living.

El asombroso Mauricio y sus roedores sabios


-Sabía que funcionaría – dijo Malicia-. Funcionó en el cuento de La séptima mujer de Barbaverde, cuando ella se escapó de la Sala del Terror de él y lo apuñaló en el ojo con un arenque congelado.

-¿Eso es un cuento de hadas? -dijo Keith.

-Si- respondió Malicia con orgullo-. Es uno de los cuentos de hadas grimosos.

-Tenéis unas hadas bastante chungas por aquí – dijo Mauricio, negando con la cabeza.

Snow Crash, Neal Stephenson


“Wait a minute, Juanita. Make up your mind. This Snow Crash thing—is it a virus, a drug, or a religion?”
Juanita shrugs. “What’s the difference?”


Snow Crash, narra la historia de Hiroaki Hiro Protagonist, un repartidor de pizza en el mundo real, pero

Como curiosidad, en esta novela se acuñó y usó  por primera vez el término avatar , que posteriormente se usaria para referirse a una imagen de identidad en un mundo virtual…

Filosofia para princesas, G.W.Leibniz


No basta con considerarse digna de ser princesa. Lo importante es que alguien, aunque sólo sea una persona, te llame así, y que diga la verdad al hacerlo.

Neuromante


“The sky above the port was the color of television, tuned to a dead channel.”

La leyenda de la isla de San Borondón


Ya hacía unos días que había llegado a mi destino. Sentado en un rincón del “Ace of Spades” me disponía a acabar con mi último ron de la noche cuando un hombrecillo se subió a una pequeña mesa del centro de la taberna y gritó: ‘A aquellos que no les asuste el viento ni la tempestad, la noche ni los espíritus les voy a brindar una historia que aconteció hace unos meses navegando por el oeste de la isla de La Palma’

Yo no tenia mucho que hacer, así que decidí permanecer en mi mesa escuchando la siguente historia y como no, bebiendo ron…

“Os quiero hablar a todos de la isla de San Borondón, la isla perdida, aquella que no se puede encontrar. Bien, ¡pues yo la encontré! Navegábamos con el ‘Endless’ en dirección a las islas Canarias cuando de repente el viento se calmó y una niebla cubrió el barco. Era tan espesa que no alcanzábamos a ver ni el agua que teníamos bajo nuestros pies. Despues de varios días sin poder movernos el nerviosismo comenzó a hacer mella en los marineros y las historias sobre los espíritus del mar que tenían hechizado el barco comenzaron a correr entre la tripulación. Teníamos víveres sobrantes y no corríamos peligro pero aún así esa niebla contagiaba a todo el mundo de una extraña mezcla de angustia y decaimiento nada normal entre unos marineros experimentados.

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Mapa del 1707 de la isla de San Borondón

Al cuarto día el viento volvió a soplar levemente y la niebla se volvió menos espesa, desconocíamos nuestra posición exacta pero ahora teníamos la esperanza de poder retormar el rumbo a nuestro destino. Las horas pasaron hasta que de manera inesperada un marinero avistó una isla que nos había pasado inadvertida a unas pocas millas de distancia.

Todos conocíamos la leyenda de San Borondón y el capitán decidió desembarcar en tan misteriosa y escurridiza isla. Esa noche la pasamos en el barco y a la mañana siguiente nos preparamos para iniciar la expedición. Acampamos en un bosquecito cercano a la playa y yo me dediqué los siguientes días a dibujar con sumo detalle plantas y esbozos de la isla, mientras otros marineros se internaron en búsqueda de imaginarios tesoros escondidos. Sin embargo, al tercer día una extraña fiebre se apoderó de la mayoría de nosotros, muchos de los cuales comenzaron a tener inconexas alucinaciones sobre espíritus que habitaban la isla, el capitán no escapó a la fiebre y antes de que la locura se apoderase de él me encomendó la tarea de abandonar el campamento y marchar de una isla que para nosotros era ahora maldita.

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Dibujos de la expedición

Sin perder un instante volvimos al barco y pusimos rumbo a La Palma, teníamos la mitad de la tripulación enferma y no podíamos sino intentar llegar lo antes posible a nuestro destino. En los siguientes días la gente fue mejorando misteriosamente, como si al alejarnos de la isla la fiebre se desvaneciese en el agua y el 14 de abril llegamos al puerto de La Palma sin ningún otro contratiempo.

Después de descargar toda la mercancía y de un merecido descanso pusimos rumbo a casa, esta vez al pasar por la zona no había ni rastro de la isla, había desaparecido otra vez, y mejor que sea así para siempre”.

By Ferri

Entrada de San Borondón en la wikipedia

Terry Pratchett: Eric


Aquí teniu la versió Pratchettiana del mite de Sísif:


Luego vieron un montículo. Al pie del mismo había un hombre esposado, con la cabeza desesperada apoyada en las manos. A su lado había un demonio verde bajo y rechoncho, casi desfallecido bajo el peso de un libro enorme.

-He oído hablar de ese  –dijo Eric–. Un tipo que desafió a los dioses o algo parecido. Tiene que estar todo el tiempo empujando esa roca colina arriba aunque la roca no para de caerse rodando…

El demonio levantó la vista.

–Pero primero –trino– tiene que escuchar las Regulaciones de insalubridad e inseguridad sobre el levantamiento y transporte de objectos pesados.

De hecho, el volumen 93 de las apostillas. Las regulaciones en sí ocupaban 1.440 volumenes más. Y eso solamente era la primera parte.

[…]

Yo le ayudaba, dijo el demonio, con la voz cargada de indignación malhumorada. Te echaba un poco una mano a veces no? Le contaba chismes y todo eso. Le animaba un poco cuando la roca rodaba colina abajo. Decia coss como “coño, ahí cae otra vez la puta” y él contestaba “la madre que la parió”. Nos lo pasabamos bien, ¿verdad?

Losantos owned


[…]Es un espectáculo contemplar a Federico Jiménez Losantos devenido en discoteca adolescente, con todas sus luces centelleando y apagándose con una décima de segundo de diferencia, pataleando al vacío y mostrando su actitud de killer semidesnudo en la oscuridad[…]

Sacado de: http://www.canarias7.es/articulo.cfm?id=100208

Perdí las ideas… y encontré el pozo


Eoooooooooooooooo…..

Ideeeeeeeeaaaaaaaaaaaaaaaasssssssss…. volveeeeeeeed……

Sigo sin ideas, pero si alguien quiere encontrarlas que busque en el pozo iniciático, en el Quinta da Regaleira, Sintra, Portugal. Uno de los lugares más espectaculares que recuerdo.

El espíritu de Quim Monzó


No podía dejar de rascarse…. Las uñas pasaban una y otra vez sobre un más que normal apéndice nasal que la diosa genética le había colocado. Ni muy grande, ni inútil para sostener unas gafas. Sólo una puta nariz.

Lo que empezó como un acto reflejo, llamó al fin la atención de su sentido de la vista. En un prodigioso cruce de ojos se fijó en la zona de conflicto donde su uña se había ensañado. En un principio no notó nada más que la rojez normal asociada a la saña masoquista, pero, poco a poco, a través de las palpitaciones de la zona cero, amaneció un extraño rostro. Lo que antes parecía una vena completamente destrozada, empezaba a sugerir unos ojos cada vez más fríos y cínicos. Lo que era un punto negro dilatado, se transformaba por momentos en una boca con un rictus torcido de rencor, mientras que un solitario pelo nasal, de esos que sólo detectan su presencia las mujeres con poco cariño que dar, retorcía en la forma de una nariz de lo más normal.

Raudo y veloz se desplazó la lavabo a ver que era aquel ser extraño que había tomado su nariz como hábitat natural. A través del espejo observó como nacía, poco a poco, pero de forma imparable, un rostro adherido a su muy normal nariz. Aún más, ese rostro se iba perfilando como una versión minúscula y desagradable de si mismo, una fotografía de un yo amargado y cínico que transmitía inquietud y malestar. Atónito y boquiabierto, se quedó aún más alucinado cuando su minúsculo retrato empezó a mover su boca-poro y escupió, además residuos que jamás habían sufrido una limpieza de cutis, las palabras “soy tu conciencia”……

Una firme y loca determinación se apoderó de su mente, brazos, y piernas. Salió del lavabo, cruzó el pasillo en tiempo récord, clavó sus zarpas en el último libro de Quim Monzó, y mientras profería las palabras “lo sabía” en un tono a medio camino del patetismo y de la rabia, lanzó el libro por la ventana

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